Dos empresas estadounidenses se están centrando en crear una prueba no invasiva que facilitará la vigilancia posterior en los pacientes que han padecido un cáncer de vejiga.

El cáncer de vejiga es uno de los cánceres más comunes y que, desgraciadamente, tiene una alta tasa de recurrencia. Después del tratamiento, se recomienda a los pacientes que han superado este cáncer una prueba cada tres a seis meses durante los primeros dos años, cada seis a 12 meses durante los años tres a cuatro y posteriormente de forma anual. Pero esta prueba invasiva para el cáncer de vejiga recurrente es dolorosa, requiere mucho tiempo y es costosa. Por ello, a pesar de su alto riesgo de recurrencia, menos de la mitad de los pacientes siguen estas pautas. Por este motivo y con la idea de mejorar esta estadística, dos empresas estadounidenses se están centrando en crear una prueba no invasiva que facilitará la vigilancia posterior en los pacientes que han padecido un cáncer de vejiga.

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