La extrema heterogeneidad clínica y la progresión crónica de la dermatitis atópica requieren tratamientos más nuevos, seguros y eficaces, capaces de controlar la enfermedad y mejorar la calidad de vida de los pacientes afectados.

Antecedentes: la dermatitis atópica es una de las enfermedades inflamatorias de la piel más frecuentes, con una prevalencia estimada del 2,1% al 4,9% en adultos.

Recientemente, los avances en la comprensión de la dermatitis atópica han puesto de relieve el papel de la activación inapropiada de las células Th2 como principal parte de su patogenia.

Otras vías inmunes parecen jugar un papel clave en la compleja fisiopatología de la dermatitis atópica.

El anti-IL-4 / IL-13 fue el primer anticuerpo monoclonal aprobado para el tratamiento de la dermatitis atópica moderada a grave en pacientes adultos cuya enfermedad es resistente a otras terapias.

Siguiendo sus interesantes resultados en términos de eficacia y seguridad, se están desarrollando nuevas terapias.

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