El tratamiento del melasma puede llegar a ser un verdadero reto terapéutico. La fotoprotección, la protección frente a la luz azul y la combinación de tratamientos, aumenta la tasa de éxito terapéutico, en una enfermedad cuya recurrencia es relativamente elevada.

El melasma es un trastorno crónico y refractario de la pigmentación que afecta a las personas con pieles más oscuras. La prevalencia global varía entre el 8,8% y el 40%, dependiendo de la etnia de la población y de la zona geográfica.

El manejo terapéutico del melasma es un reto, con altas tasas de recurrencia que tienen un impacto significativo en la calidad de vida. Ningún tratamiento es universalmente eficaz. Los tratamientos sistémicos con ácido tranexámico y polypodium leucotmatous tuvieron resultados prometedores, aunque el primero se relacionó con efectos secundarios sistémicos.

La micropunción y el peeling también fueron eficaces, aunque aún no se ha establecido su superioridad respecto a la hidroquinona tópica, el patrón de oro en el tratamiento del melasma.

Del mismo modo, los dispositivos de láser y luz han sido beneficiosos. Sin embargo, las tasas de recurrencia siguen siendo elevadas en todos los grupos de tratamiento. Las terapias combinadas, ya sea en combinaciones dobles o triples, han dado los mejores resultados en comparación con las terapias individuales.

La elección del tratamiento debe realizarse tras el examen con la lámpara de Wood, así como la evaluación dermatoscópica, para seleccionar la mejor opción de tratamiento, dirigida a cada subtipo de melasma.

0